De verdad trato de soñar lúcidamente, lo juro, de verdad pienso antes de dormir "quiero recordar mi sueño, quiero recordar mi sueño, quiero...", pero estoy soñando menos que antes, maldito experimento (?). Leí por ahí que la gente que intenta mucho tener el control de lo que pasa a su alrededor no puede acordarse de los sueños. No, no estoy inventándolo y no es un mito urbano esparcido por lo nuevos hippies en los negocios donde venden hierbas olorosas, lo decía algún psicoanalista.
En mi sueño estaba en la casa de un amigo que hacía un cumpleaños, como en el patio, saludaba a todos y me iba. Camino hasta la parada del colectivo -que ahora que lo pienso mejor existe en la vida real- y tiene una de esas verdas altas, ¿vieron?, cuando la calle está en desnivel, que para subir o bajar de la verda es como una escalerita. Había un macetero (?). El caso es que llega el colectivo y de repente llueve a cántaros, se forma una especie de río en la calle al costado de la vereda, y ahí meto los pies, y pierdo mis ojotas, encima yo sabía que iba a pasar eso, cuando bajé las escaleritas casi me estampo contra el costado del bondi y pensé "Las voy a perder", tipo esos presentimientos de la clase "Si apago el celular ahora me va a llamar hasta el Papa", "Si me ato ahora los cordones se me va el colectivo", "Si no lo compro ahora no lo voy a encontrar cuando pase de vuelta por acá". Epifanías cotidianas que, invariablemente, no podemos evitar cumplir.
Me subo al colectivo, empapada, y me olvido de pedir de $1,50. Empiezo a meter monedas hasta que me doy cuenta de que marca que ya puse $2, 60 y ahí me despabilo.
JC: - Ah, perdón, no te dije que era $1, 50.
El colectivero mira a una chica que estaba sentada en la escalera del colectivo y medio se ríen con los ojos de mí. Le dije algo sobre un sandwich, como que necesitaba el resto de las monedas para comprarme un sandwich después.
Colectivero: - Armalo de vuelta.
JC: - ¿Qué cosa?
C.: - El sánguche. Te doy las monedas si lo armás de vuelta (y se caga de risa con la minita).
El forro había entendido que yo me había comido el sandwich antes, y como diciendo "Ni en pedo te devuelvo las monedas" me respondió que si yo le armaba el sandwich de vuelta - imposble -, él me devolvía las monedas.
Lo que yo no entiendo es por qué me cobró $2,60, es un precio muy raro.
JC
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